Durante casi dos décadas, las empresas se beneficiaron del milagro chino: producción en grandes escalas a bajo costo. Ahora, el COVID-19 y las tensiones geopolíticas están cambiando las reglas.

La pandemia de coronavirus está impulsando a algunas empresas a relocalizar sus cadenas de suministro basadas en China hacia la región de Norteamérica. Pero para que esto suceda, los fabricantes necesitarán una base de proveeduría sólida que abarque Norte, Centro y Sudamérica. En medio de esta coyuntura, México tiene un mensaje para los directores ejecutivos del mundo: instálense aquí.

El gobierno mexicano lo llama una “estrategia de acercamiento”: la Secretaría de Economía ha emprendido una campaña para atraer empresas, que están en China, Japón y Corea del Sur, con el argumento de que es más seguro acercar la producción a un país como México, con un acuerdo comercial recién firmado y una relación más cordial que la que tiene China con el gobierno estadounidense.

El país asiático se convirtió en el centro de la manufactura global de bajo costo a principios de la década del 2000. Entonces cientos de empresas de occidente cerraron sus plantas en sus países de origen para trasladarlas allá. En 2001, 400 de las 500 empresas de Fortune habían invertido en más de 2,000 proyectos en China –según un reporte de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo– para producir desde computadoras y productos electrónicos, hasta equipos de telecomunicaciones, componentes automotrices y petroquímicos.

Durante casi dos décadas, las empresas se beneficiaron del milagro chino: producción en grandes escalas a bajo costo. Con los años, decenas de cadenas de suministro se fueron haciendo más dependientes de la manufactura asiática y, aunque el producto no tuviera la leyenda ‘made in China’, algunos de los materiales o insumos necesarios para su producción sí la tenían: ropa hecha con telas e hilos importados, faros de auto ensamblados con plásticos y componentes electrónicos, refrigeradores y lavadoras hechos con acero de China.

Si bien en los años previos a la pandemia algunas compañías estadounidenses comenzaron a trasladar parte de la producción, debido a las tensiones comerciales entre el país asiático y la Casa Blanca, hubo cadenas de suministro que continuaban con una alta dependencia de Asia, como la de los semiconductores o el acero.

La burbuja estalló cuando el coronavirus golpeó al país a principios de 2020 y las cadenas de suministro se rompieron. El resultado fue una escasez inmediata y continua de insumos estratégicos, desde semiconductores, hasta baterías de alta capacidad, creando un shock de oferta en la economía global que aún persiste.

Los puertos chinos están congestionados, hay contenedores vacíos debido a la falta de producción, continúa la escasez de insumos críticos y los costos de flete aéreo y marítimo se han encarecido. Directivos en México de Jac, un fabricante chino de vehículos, dijeron el mes pasado que el costo de importar los kits de armado en contenedores desde China había incrementado entre 300% y 400% en el último año.

Hoy, la industria automotriz y la de electrónica enfrentan una escasez de chips cuyo reabasto se ha prolongado hasta 2022.

En medio de este desajuste de las cadenas de suministro globales, los analistas recomiendan lo obvio: reducir la dependencia de China y desarrollar cadenas regionales. “Muchas compañías están buscando una alternativa”, asegura Dale Rogers, profesor de la Arizona State University y experto en el tema. En febrero, la firma consultora Gartner señaló que el 33% de los líderes mundiales de la cadena de suministro habían trasladado las actividades de abastecimiento y fabricación fuera de China o habían planeado hacerlo en los próximos tres años.

Un informe reciente, encargado por el presidente estadounidense Joe Biden, recomendó fortalecer la política industrial, especialmente para cadenas críticas, como baterías de gran capacidad, ingredientes farmacéuticos activos y semiconductores.

Los hallazgos del estudio reconocen que no es realista ni deseable que Estados Unidos apunte a la autosuficiencia creando cadenas de suministro puramente nacionales. “Tendremos que trabajar con terceros países para coordinar en sectores críticos y asegurarnos de mantener un acceso adecuado a materiales críticos”, dice Rogers.

Entre todas las opciones, México ofrece un costo de mano de obra competitivo, similar al del país asiático, y una vecindad geográfica con Estados Unidos.

Más allá de un costo de mano de obra competitivo, el gobierno chino ha invertido sumas millonarias en puertos, carreteras y un sistema ferroviario. “Su infraestructura logística hoy es mucho mejor que la de cualquier país de América, incluido Estados Unidos”, dice Rogers. Además, con 18% de la población global, el mercado chino es uno de los más atractivos para producir a grandes escalas.

Para crear una cadena regional será necesario desarrollar alianzas estratégicas con terceros países para asegurar el suministro de materiales críticos, impuestos e incentivos de investigación e invertir en la infraestructura logística. Rogers calcula que México podría ser un 50% más eficiente en el traslado de mercancías si invirtiera en mejorar la infraestructura logística.

El académico de la Arizona State University tiene clara la oportunidad que se abre para el continente:

 “Sería genial que toda la producción y distribución de insumos críticos atravesara América. Estados Unidos es un gran mercado y el sur (del continente) puede ser una fuente importante de recursos. México, justo en el medio, podría ser un polo estratégico de distribución logística para el continente”. 

Fuente: www.expansion.mx

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